Hay cosas que damos por sentadas como que los vehículos tienen cuatro ruedas o que las ruedas siempre han sido negras. Bueno, en realidad ninguna de las dos afirmaciones es correcta y vamos a explicarte por qué las cubiertas que utilizan la mayor parte de los automóviles son negras.

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Las cubiertas actuales son un producto industrial complejo compuestos por una serie de elementos químicos que se combinan para conseguir las mejores prestaciones tanto de agarre como de rendimiento y durabilidad.

Sílice, elastómetros, aceites, resinas naturales, agentes protectores y curativos, polímeros y sobre todo caucho. De todos los ingredientes que se utilizan para la fabricación, el componente principal es el caucho, una goma natural proveniente de la naturaleza con unas propiedades perfectas para su uso en los neumáticos porque es flexible, maleable y resistente.

Entre las características del caucho no está la de tener un color negro. Ni siquiera el caucho tiene un tono oscuro y sólo dependiendo del tipo de caucho podemos encontrar un color marrón pardo, muy lejos del negro.

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Lo cierto es que las ruedas de los vehículos no siempre fueron negras por culpa precisamente del caucho. Los primeros automóviles calzaban unos neumáticos que no tienen nada que ver con los que se utilizan ahora ni en su estructura, ni en su composición, ni mucho menos en su color.

¿Y por qué las ruedas de los coches son negras si el caucho no es negro?

El neumático como recubrimiento de goma sobre una estructura de madera se utilizó por primera vez a principios del siglo XIX y posteriormente no fue hasta 1883 cuando Charles Goodyear inventó el proceso de vulcanización como un gran salto cualitativo en términos de resistencia para los neumáticos macizos utilizando calor y presión para mezclar caucho y azufre.

Con la llegada del auto, estas ruedas sufrieron una evolución paralela a los automóviles puesto que tanto las máquinas que se movían autopropulsadas como las ruedas que necesitaban para moverse aún se encontraban en un estado muy primitivo durante los primeros años del siglo XX.

Los antecesores de los neumáticos actuales eran blancos o casi blancos porque su composición era muy básica. La explosión del vehículo como medio de transporte común tuvo lugar con la llegada del Ford Model T salido de la planta de Detroit en 1908, y su aparición fue calzado con unos neumáticos de color crema. Así, en algunos museos de autos históricos donde las joyas de la automoción descansan después de más de un siglo de vida, podemos seguir encontrando neumáticos blancos.

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No fue hasta 1917 cuando se introdujo el siguiente gran avance en la historia de los neumáticos con la incorporación del negro de carbón. Este material es un polvo fino que se consigue como resultado de la combustión incompleta de derivados del petróleo. El negro carbón se utilizaba tradicionalmente como un pigmento y más recientemente en la historia es uno de los componentes principales del tóner para impresoras y materiales con capacidad para absorber las señales de radar.

Al añadir el negro de carbón al caucho y al resto de elementos necesarios para el proceso de elaboración de un neumático las propiedades de las ruedas resultantes son notablemente superiores. La resistencia a la abrasión y al desgaste se multiplicaron por 10 con respecto a los neumáticos de principios de siglo. Desde entonces los neumáticos no han dejado de ser negros.

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En el reparto de ingredientes el negro de carbón cobra entre un 25 y un 30% del protagonismo y es por eso por lo que los neumáticos de los coches son negros, pero además también son más resistentes al paso de los kilómetros y cuentan con un mejor agarre ya que este pigmento ayuda a repartir la temperatura de trabajo por todo el neumático.